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FOTOGRAFÍA

Aunque trabaja ocasionalmente para publicidad y proyectos audiovisuales, es conocida por su labor como fotógrafa e ilustradora. Maider Jiménez (Vitoria-Gasteiz, 1992) es una reconocida enamorada de la música y del papel; es por esto que podemos encontar su trabajo en publicaciones como If You Leave, Pantytime, Errr, Obituario, Deploy Your Senses….
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ILUSTRACIÓN

La defensa de una única cultura es el lema que toman por bandera los fundadores de Principia Magazine, Enrique ‘Quique’ Royuela, Cristina Escandón y Javer Díaz-Romeral, quienes acaban de sacar su último numero, el primero pero de la Temporada 2. ¿Cómo se explica esto? De la misma manera como se explica su concepto de revista, que mezcla ciencias y letras y, por si fuera poco, se publica  en papel. El mismo que, dicen muchos, está en peligro de extinción.

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Paco Gené. Foto de imeminemagazine®.
AUDIOVISUAL

Este mallorquín se ha sacado de la manga uno de los documentales sobre músicos independientes del que, pobrablemente, más se hablará en los próximos años. Paco Gené (Palma de Mallorca, 1976) es cámara de servicios informativos de Antena 3 y, razón por la que nos reunimos con él, director de Los zapatos no vuelan. En el documental (o película, como prefiere él llamarle), bandas como L.A., Garaje Jack o Sex Museum cuentan en primera persona ese lado menos glamuroso (y menos conocido) de la música.

A Paco Gené no le gusta usar el término obreros del rock, pero confiesa que es inevitable. Y es que el hilo conductor de su proyecto es ese día a día del músico que toca para sobrevivir, “que se baja del escenario y tiene que recoger los amplificadores y los instrumentos y volver a casa o dormir en cualquier sitio”.

Nos vemos con el director en una cafetería de la calle Bailén de Madrid, junto a la sala Contraclub, donde el viernes, 3 de junio, actuarán Crudo Pimento (una de las bandas protagonistas del documental) como colofón final al pase especial para prensa y amigos que realizará el mallorquín ese mismo día por la tarde. Té y café en mano, comenzamos por el principio, como de costumbre.


¿En qué momento se te pasa por la cabeza toda esta historia en la que te has metido?
Pues no recuerdo el día exacto. Es algo que he tenido en la cabeza siempre de alguna u otra manera, que estaba latente. Un día dices: “Voy a grabar este concierto”. A la semana siguiente ves que da su último bolo Garaje Jack y dices: “¿Por qué no grabo también éste?”. Poco a poco te vas dando cuenta de que estos grupos tienen un eje en común: todos intentan vivir de su música. Se refieren a todos ellos como los obreros del rock, que suena un poco impostado. Pero es cierto que son gente que se lo curra día a día. Reivindicar el trabajo del músico, ése que no hace grandes giras, que toca un día en un sitio, al mes siguiente en otro, gente sin apoyo de multinacionales, a los que los medios les hacen caso pero de otra manera… Así que vi buena la idea de contar la historia de esta gente. Y varias bandas se fueron involucrando… Ya estaba enfrascado.

Y sin darte cuenta ya tenías el documental hecho.
Al revés (ríe). Cuando me dí cuenta estaba metido en un follón… Pero sarna con gusto no pica.

Eso te quería preguntar. Esto ha sido un capricho, un accidente que hay que terminar de confesar, un tributo a las bandas…
(Piensa y duda durante unos segundos) Hombre, a mí siempre me ha apasionado esta música. Tengo amigos que se han dedicado a esto y te han contado historias sobre dormir aquí, dormir allá… Historias que claro, si comparas con la noticia que leí ayer sobre Bruce Springsteen, la que decía que había estado tomando un vino de 300 euros en la hípica con la hija de Amancio Ortega… Que está muy bien. Pero hay que bajar el mito y presentar a músicos que en el escenario son semidioses pero que abajo son como tú y como yo, con una vocación pero con problemas económicos similares, inquietudes… Y ves que están dispuesto a sacar a su banda hacia delante. Cueste lo que cueste. Como dice Joe de Le Punk: “Llega un momento en tu carrera en el que no puedes echar para atrás”. O sigues hacia adelante o retrocedes 15 años en tu vida.

Paco Gené. Foto de imeminemagazine®.
Paco Gené. Foto de imeminemagazine®.

Es curioso porque da la sensación de que cuesta que los músicos dejen ver su parte más humana, más real, ¿no? Mostrar los problemas del día a día. Es interesante que el documental muestre esa parte de la galería que no se ve desde fuera.
El objetivo del documental era intentar humanizar a los músicos. Fuera de camerinos. Porque cuando coges a un músico en el camerino aún están con esa burbuja de “somos los más guays”, ya sabes… Pero si te los llevas a un bar, con la cámara lejos y consigues que se olviden de ellas empiezan a salir cosas. Sale esa parte más humana. Un amigo decía que mantener un grupo es más difícil que mantener un matrimonio. En un matrimonio luchan dos personalidades y en un grupo luchan cuatro o cinco. Hay gente que un día está bien, otra mal, un día apoyan a uno, el siguiente a otro. Es lo que tiene el ser humano. No somos animales.

Bueno… A veces.
Cierto. Depende (ríe).

De hecho alguno te habrá asombrado especialmente. ¿Alguno que te haya roto un poco los esquemas?
Pues me he quedado muy asombrado con Viaje a 800. Quizás por la cercanía que han mostrado. Además reforzado, imagino, porque fue después de que anunciaran su disolución. Muy impresionado por su cercanía.

¿Ves muchas diferencias en el trato cercano entre estos obreros del rock y entre los músicos de primera fila?
No. En el trato cercano no. Son personas que tocan. Y, en el fondo, aunque más de uno diga que no, todos quieren llegar al máximo público posible. Quien diga que no, miente. Nadie hace canciones para aparecer en los libros de historia de la música. Están en esto para vivir de ello.

Pues es lo que se supone que defiende el indie, ¿no? Eso de “no quiero una gran masa de gente que me escuche, sólo quiero una minoría que me respete”.
Hay gente que sí que va por ahí, pero creo que la mayoría de bandas quieren un éxito grande y vivir de ello.

Paco Gené. Foto de imeminemagazine®.
Paco Gené. Foto de imeminemagazine®.

Háblame de la grabación. Aparentemente todo parece ir rodado una vez visto el documental, pero imagino que tuvisteis vuestras dificultades.
A nivel personal bastantes: días libres, pedir equipo… Somos profesionales del medio pero no tenemos un duro. Tiras de favores, alquilas… No ha sido un crowdfunding público, pero sí entre amigos. A nivel técnico también. Luces que se apagan en mitad de una entrevista… (ríe). La historia de todo esto es que nos gusta. No es sólo grabar conciertos. Es llegar a casa y trabajar con todo el material. Son muchas horas de trabajo.

¿Y los grupos? ¿Receptivos?
En principio prácticamente todo el mundo nos ha abierto las puertas. Más problemas con los managers: “¿Dónde va a salir? ¿Esto para qué es? ¿Qué les vas a preguntar?”. Y hubo grupos que directamente nos dijeron que no.

Y esos no me ve los vas a nombrar…
No (ríe).


Y continuamos hablando con Paco Gené sobre los preparativos del pase especial de Los zapatos no vuelan, del inminente concierto de Paul McCartney o de nuestra amistad común con el fotógrafo Javier Rosa. Todo esto antes de la sesión fotográfica donde, como se puede ver en el resultado, el realizador mallorquín se desenvuelve con una soltura digna de una rock and roll star. Un placer.

Alberto Cadado y Rober Bodegas. Foto de imeminemagazine®,
OTRAS DISCIPLINAS

Cada miércoles, desde mayo, se dan cita en el Teatro Alfil de Madrid estos dos guionistas especializados en lo que ellos clasifican como “humor absurdo”. Tras dos meses en cartel, Rober Bodegas (A Coruña, 1982) y Alberto Casado (Madrid, 1983) ponen punto y final a un espectáculo producido por ellos mismos: Pantomima Full.

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LA COLUMNA DE

Es probable que asistamos a un momento político en el que ganar o perder dependa en gran medida del arte de bien decir. Escuchamos argumentos, frases bien elaboradas, eslóganes de éxito… pero al final todo se reduce a una lucha entre individuos parlantes que ponen a funcionar toda su maquinaria intelectual, toda su labia, toda su capacidad de persuasión y de refutación para llevarse la razón, convencer y ganar. Todo ese entramado discursivo se da en un contexto de crisis y de caducidad en el que los valores y las formas de la política institucional no están satisfaciendo nuestras necesidades ni garantizando nuestros derechos. La clase política trata continuamente de seducirnos con bellas palabras, pero cuando esas palabras pierden su valor, su carácter verdadero (si alguna vez lo tuvo), su capacidad de encanto y su capacidad de convicción, la sociedad civil genera un rechazo, hace una denuncia y elabora una reivindicación. El problema llega cuando la protesta sigue la lógica de aquello contra lo que precisamente se rebela: es necesario cambiar la estrategia comunicativa, pues la articulación del lenguaje en su forma “tradicional” ha quedado incomprensible e incomprendida.

Quizá sea momento entonces de considerar un cambio en la manera de comunicar. Quizá sea momento de recurrir a lo corporal y tomarlo como medio para la reivindicación partiendo precisamente de la necesidad de comunicar de manera distinta teniendo en cuenta, sin duda, que somos seres en relación, pues de otra manera la comunicación no sería posible. La opción a la que podríamos aspirar es a esa que nos sitúa en el espacio de todos y de nadie, pues no puede ser concebible una comunicación en soledad, al margen de un espacio y de un tiempo, en aislamiento, alejada del resto de cuerpos. Dice Natalia Iguiñiz, artista visual, que “como comunicadores, como personas que dejan una huella, dejamos algo en un espacio que es un espacio que debería ser público. Pienso que los espacios públicos deberían ser más reconocidos como espacios de todos o, en todo caso también, como espacios de debate, o como espacio de lucha sobre una serie de poderes”. El cuerpo en el espacio público, haciéndonos presentes en el mismo, permite la revelación de un contenido individual, pero también colectivo. Eso posibilita que lo reclamado se sienta propio y, lo que es más importante, que se sienta: que sea sensible. Dice a este respecto Cecilia Olea, del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, que “se da una ruptura de lo que son los cánones hegemónicos desde la academia y desde el quehacer de la política. Es una ruptura cognitiva, donde no solamente se apela a la razón, sino que se apela al sentimiento”. Esto permite interrumpir el relato dominante y crear nuestro propio relato a través de la presentación de lo nuevo que emerge frente a la representación de lo caduco impuesto. La actividad colectiva mediante la intervención del cuerpo se lleva a cabo en todas partes y en todo momento, y su fin es el desgarro, la fractura, abrir una brecha, crear un espacio, una tierra de nadie y de todos, y un tiempo en el que no se permita nunca más la exclusión (o la no-aceptación) del lugar público, del contexto actual, del momento histórico (todos los momentos son históricos) y de la acción política, esa que se construye desde lo común y hacia lo común.

Si algo aprendimos en las plazas hace casi cinco años fue precisamente eso: que transmitir otro mensaje pasa por la creación de otro lenguaje que provoque la coincidencia y el acuerdo corporal, la alianza colectiva, la reapropiación del espacio y la creación de un tiempo que permita comunicar lo posible y no decir lo efímero. Aprendimos que eso debemos hacerlo poniendo en juego lo único que tenemos: el cuerpo, el cuerpo vivo.


¿QUIÉN ES EMA ZELIKOVITCH?


Graduada en Filosofía y estudiante del Máster de Liderazgo Democrático y Comunicación Política de la Universidad Complutense, Ema Zelikovitch es activista desde hace cinco años, primero en el movimiento estudiantil y, posteriormente, en el colectivo Juventud SIN Futuro. Participante en tertulias y entrevistas en medios de comunicación (Cuatro, La Sexta o TeleSUR). Formada en danza clásica, flamenca, española y contemporánea, fue alumna en el Real Conservatorio Superior de Danza y en escuelas como la de Víctor Ullate, Carmen Roche o Carmen Senra. Tiene un blog (Filosofía y otros cuentos) en el que escribe textos que mezclan la filosofía, su actividad política, el feminismo y la poesía.

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MÚSICA

Es habitual que su nombre salga a relucir en cualquier conversación entre artistas o promotores del circuito musical independiente de Madrid. Lo es porque María Llorente (Madrid, 1984) lleva unos cuantos años en no demasiados proyectos pero sí de mucha envergadura. Licenciada en Publicidad, su primer paso firme fue entrar a formar parte de la revista Mondosonoro. Después montó su propia agencia de booking y management con sello incluido. Ha pasado por ACCES (asociación estatal de salas de conciertos) DCODE, la sala Siroco o La Noche en Vivo entre otros.

Actualmente sus energías están volcadas en la carrera del músico, Dj, compositor y productor Ed Is Dead además de en Girando Por Salas (GPS), donde es responsable de comunicación desde hace ya dos años. GPS es un proyecto subvencionado por el Ministerio de Cultura con el objetivo de apoyar a bandas para poder girar fuera de su comunidad autónoma. La llegada de la séptima convocatoria, recién anunciada hace apenas una semana, era la excusa perfecta para quedar con ella y hablar de todo un poco.

Sobran presentaciones así que, directamente, nos sentamos en un bar de la calle Espíritu Santo de Malasaña para hablar un rato de música en directo, subvenciones y estudios de grabación en el campo. Todo con el optimismo y la ilusión (sin perder la perspectiva) propios de quien trabaja en algo que le fascina.


¿Sabrías decirme cómo empezaste a currar en el sector?
Ostras… (piensa durante unos segundos). Pue me descubrieron en Mondo, tú lo sabes bien…

¿Qué significa que te descubrieron…? (Río)
(Ríe) Antes de Mondosonoro, mi único contacto con la música había sido vendiendo merchandising en conciertos de Fran Perea, Bisbal, Estopa… hace ya muchos años. Siempre tuve claro que quería trabajar en el sector de la música y elegí estudiar Publicidad. Cuando terminé la carrera lo primero que hice fue trabajar en varias agencias de publicidad y medios. Por un conocido me enteré que en Virgin buscaban gente en el departamento de prensa de videojuegos y pensé que era el lugar perfecto para acceder a la sección de música. Una vez dentro pude comprobar que no tenían ninguna relación y que ahí no estaba el camino. Tras salir de Virgin empecé a enviar currículums a todo el sector pero veía que no llegaba el curro y me fui a New York a probar suerte. Después de unos meses allí regresé y, casualidades de la vida, horas después de aterrizar, en mitad del jet lag, me llamaron para hacer la entrevista en Mondosonoro. Sin duda fue la mejor de mi vida (ríe), hablando de música con gente que desde el primer día que entré por las puertas de aquella oficina se convirtió en mi familia. Digo que me descubrieron porque ellos me dieron mi primera oportunidad, creyeron en mí y me posicionaron en este sector. Conocí a managers, promotores, medios, salas, artistas… La mayoría de las personas con las que trabajo a día de hoy me conocieron en ese momento y si sigo en este sector es por ellos. Es más, todavía hay gente que me relaciona con Mondo y creo que es un apellido que llevaré siempre con mucho orgullo y agradecimiento. Desde entonces siempre me he volcado en cada uno de mis trabajos. Creo que hace años me casé con este sector y desde entonces mi profesión se ha convertido en el centro de mi vida. Mi filosofía es la del 24×7 y no puedo quejarme porque no me falta trabajo y me apasiona lo que hago.

Mondosonoro hace tres o cuatro años, en el momento en el que la prensa de papel estaba dando el último coletazo.
El último coletazo sí… y verte en la calle con la incertidumbre del sector. Así que monté mi propio sello discográfico y agencia de management. La cosa no fue bien pero he de decir que desde entonces no me ha faltado curro. No puedo quejarme.

De hecho has pasado por DCODE, La Noche en Vivo, sala Siroco… ¿Es inestable el sector musical o son los profesionales los que no paran quietos?
Yo creo que todos firmaríamos por un contrato en condiciones, un horario normal… Pero también trabajamos en un sector que va mucho por proyectos. Los festivales duran lo que duran. O, por ejemplo, un grupo te contrata por unos meses para hacer una promo, pero no puede permitirse pagar una persona fija de prensa. Muchos de los profesionales del sector somos freelance lo que nos obliga a no parar. Aquí los horarios no existen y la supervivencia te hace ir saltando de un sitio a otro. Lo que sí que creo es que es hay mucho trabajo en el sector. Pero aún hace falta más inversión para contar con mejores presupuestos.

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Foto de @imeminemagazine.

Háblame de GPS. Parece una de las inciativas con más visibilidad, proyección… éxito, en definitiva, de los últimos años si hablamos de música en directo.
Yo creo que GPS es “la iniciativa”. Es el único proyecto para la música popular 100% subvencionado por el Ministerio. No hay un solo grupo en sus primeros años de carrera que sea capaz de plantearse una gira como la que puede permitirse gracias a Girando Por Salas. Es la iniciativa perfecta para que los grupos poco a poco vayan creciendo. No es un concurso de maqueteros, es un proyecto enfocado a profesionalizar el sector. Por ello se piden unos requisitos mínimos que demuestren que los músicos realmente son profesionales. ¿Y los grupos que mejor han funcionado? Los que trabajan con una agencia suelen dar muy buenos resultados porque gracias a ella tienen una visión global, invierten el dinero de una manera más eficiente y plantean las giras muy cuidadosamente para que sean sostenibles y aprovechan al máximo la ayuda de promoción discográfica.

¿Quizas hay una falta de perspectiva de mercado entre los músicos españoles? Me refiero a esa vista de negocio que parecen tener los músicos en otros países…
Hombre, los músicos en general son un poco caóticos… (ríe). Así que si ellos no son capaces, tienen que rodearse de gente que es capaz. Y mejor, porque así tenemos más curro (ríe). Hay que organizar muchas cosas en torno a un grupo. No hay músico que no diga: “Yo lo que quiero es tocar, el resto me da igual”. Pero claro, hay que preocuparse porque es algo muy importante.

Y debe de ser satisfactorio formar parte e impusar un proyecto artístico…
Para mí es muy gratificante ver cómo un proyecto se desarrolla con éxito desde la comunicación hasta la producción in situ. Yo me dedico en cuerpo y alma para que todo lo que sucede sobre el escenario salga bien y todas las partes terminen contentas. Supongo que la satisfacción del músico que defiende sus canciones es enorme pero la de gente como yo que trabajamos detrás también es muy grande.

Y volviendo a GPS, ¿hay alguna comunidad autónoma que te haya llamado especialmente la atención, que te haya asombrado la cantidad o calidad de los candidatos?
Madrid y Barcelona son las ciudades estrella con mayor porcentaje de bandas inscritas pero Andalucía siempre sorprende. Hay una gran cantera de artistas y un público muy agradecido con una ciudad como Granada con muchísima actividad en torno a la música como pasa con Valencia y Zaragoza.

En Granada lo que faltan son salas…
En Granada y en GPS. En los últimos años estamos viendo un descenso muy alarmante en el número de salas y son imprescindibles para que los grupos puedan girar.

¿Y María Llorente? ¿Algo entre manos?
(Ríe).

Eso es que sí y también que no me lo vas a contar, ¿verdad?
Bueno, todos tenemos un sueño. Pero ahora mismo mis energías están en GPS y en la carrera de Ed is Dead. Espero que dentro de dos años GPS siga estando, al menos, donde está ahora. Con más inversión, mejor, para poder ayudar a más bandas. Y en cuando al proyecto de Ed Is Dead tenemos varias cosas entre manos a punto de caramelo y espero que dentro de dos años tenga mayor reconocimiento su carrera como músico/compositor que su trayectoria como Dj y productor. ¿Y sueño? Pues necesito un mecenas. Mi ilusión de toda la vida es tener un estudio de grabación en mitad de la montaña. Con vistas al campo, luz natural, comida casera… Donde los músicos puedan grabar en un entorno tranquilo, al aire libre, donde poder pasear, respirar, dormir sin ruidos, comer bien, dar paseos por el monte cuando necesiten respirar… y yo me dedicaría a cocinar y al huerto (ríe). Creo que en los estudios se respira una energía especial y ahí es donde se desarrolla la parte más creativa de un artista, donde surge la magia y es increíble formar parte de ello.

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Foto de @imeminemagazine.

Y seguimos hablando con María de la cocina, que reconoce como su segunda gran pasión, o del último trabajo de Bravo Fisher! (que ha producido Ed is Dead) entre otras muchas cosas antes de pasar a la sesión de fotos. Rápida e indolora, por cierto. Un placer.

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LA COLUMNA DE

Escucho de fondo mi último descubrimiento musical. Y lo digo con la boca llena. Porque siempre queremos ser los primeros en escuchar a un grupo sólo para poder enseñárselo a otros o para decir dentro de unos años: “Yo fui a verlos cuando les seguíamos cuatro gatos”. Puede que, a veces -reconócelo-, te cueste ver que las cosas les van bien y llenen salas de 100, 200 o 1.500 personas. Porque dejan de ser algo tuyo. Dejan de ser TU descubrimiento. Como aquella novia del instituto que dejaste y que hoy, no sólo es más que notable que los años han jugado a su favor, sino que sentimentalmente intuyes (gracias Instagram) que la vida le va, al menos aparentemente, bastante mejor que a ti. ¿Y las canciones que os unían? ¿Se acordará de ellas? ¿De aquel grupo que descubristeis juntos? Posiblemente NO (habla mi yo realista).

Vayamos por partes, cosa que, como podéis leer, no se me da muy bien. El caso es que necesitamos sentir que hemos dejado huella. Que hemos supuesto algo en el camino de alguien o de algo. O, como mínimo, que se acuerdan de nosotros. Eso es lo que dicen siempre en las películas, ¿no? Hablarán de nosotros cuando hayamos muerto. ¿O era al revés? Pasan los días, los meses, los años… y seguimos pensando en aquella novia del instituto y si las decenas de grupos de los que hablábamos, aquellos poemas escritos con 15 años, aquellas fotos en el viaje de fin de curso a Benalmádena… nos harían infinitos, eternos. Si sigue batiendo el tomate que le unta a las tostadas por las mañanas como hacías tú o si ha dejado de ponerse la camiseta que le regalaste porque le provoca un leve dolor de estómago. Ese dolor que te transporta al pasado y te hace encogerte de hombros y limitar un poco tu capacidad pulmonar. Adictivo dolor, todo hay que decirlo. Porque además de querer dejar huella, todos somos un poco masoquistas.

Yo un poco tirano (me viene a la cabeza la película Jeux d’enfantsYann Samuell, 2003). Será eso. Y tú un flan. Lo que sé es que yo venía aquí a hablar de mi libro. Bueno, concretamente de mi disco. Más concretamente del disco de Morgan. Y si nos ponemos a concretar más, de la cancion Volver. Pero me lié por el camino. Al final, lo maravilloso de canciones así o del resto de cosas que, como diría mi amiga Itziar, te vuelan la cabeza, es que nos hacen conectar de una manera tan especial con nosotros mismos y/o con otros, que cuesta centrarse.

*** Y sigue sonando en bucle: “Échame de menos, no me falles esta vez, porque no sé si voy a volver”.


¿QUIÉN ES CARLOS SILES?


Titulado en Periodismo y, posteriormente, en Organización Integral de Eventos y Protocolo, ambas en la UCM. Más de diez años como redactor en prensa escrita (Grupo Zeta, Unidad Editorial, Axel Springer…) alternando con labores de comunicación en proyectos como Marsillach Acting Academy o La Moda Aplicada. También ha colaborado esporádicamente en medios como Mondosonoro, Salir.com o CLMag. Paralelamente, viene desarrollando un proyecto musical que cuenta con dos trabajos discográficos publicados con el apoyo del sello barcelonés PSM Music. En la actualidad, además de dirigir I, Me, Mine! Magazine, es responsable de comunicación y producción de conciertos en la sala Contraclub Madrid desde hace cuatro años.

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LA COLUMNA DE

De pequeña odiaba leer. Los libros que mandaban en el colegio tampoco ayudaban: las leyendas de Bécquer en una edad en la que te importa de todo menos el amor, una novela sobre las memorias de una vaca, aventuras de unos monjes en busca del santo grial…
 Mi vocabulario, pues, no era muy extenso. En casa me decían que era una “gorrona” y yo -inocente de mí- como no sabía bien qué era eso que me sonaba a pajarillo, cuando llegaba la hora del recreo, me confundía y decía que iba a “gonorrear” los bocatas de mis compañeros. Los profes me miraban asustados. No entendía por qué.
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MÚSICA

Fue una pequeña parte de Todoazul Producciones -agencia que impulsó las carreras de Russian Red o Maga-, responsable de varios locales (Moe Club entre ellos) e, incluso, ha hecho sus pinitos organizando algún pequeño festival de música negra. Así que Álvaro Oliver (Madrid, 1978) ha volcado en El Intruso, último proyecto del que forma parte, una de las salas multiespacio más importantes de Madrid, muchos años de “ensayo y error”.

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LA COLUMNA DE

Con tres años empecé a estudiar danza en Jerusalén, mi ciudad natal, y con seis años continué estudiándola en Madrid. Recuerdo caminar de la mano de mi madre por la calle y pasar por delante de la escuela de danza de Víctor Ullate. En el escaparate habían colgado un póster enorme: era una bailarina con tutú y puntas doradas, con medias negras y con el pelo recogido en un moño. Recuerdo pararme delante del póster y decirle a mi madre “yo quiero hacer eso”.

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AUDIOVISUAL

Su intención es crear una de las mayores bibliotecas online sobre fotolibros en formato vídeo. Parece sencillo pero a nadie se le había ocurrido hacerlo antes ni, mucho menos, hacerlo de manera tan profesional y cuidada. ¿Pero a qué se dedican exactamente José Javier Serrano ‘Yosigo’ (Donostia, 1981) y Salva López (Barcelona, 1984)? Pues seleccionan los mejores libros de fotografía del mercado y los graban de manera que el resto podamos ver con detalle aspectos como el diseño o el formato.

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