Javier Rosa: “Hay festivales que solamente venden imagen”

Foto de imeminemagazine®.

Nos citamos en la Sala Contraclub de Madrid con uno de los fotógrafos más reconocidos de la escena musical de España. Más de 20 años recorriendo los festivales nacionales con su cámara lo han convertido en un testigo presencial de la evolución de la escena indie, que es donde más ha disparado y más cómodo se siente Javier Rosa.

Estamos hablando con un fotógrafo, con un artista…
Uy, yo de artista, no tengo nada. Reniego de esa palabra. Hay pocos artistas con mayúsculas en España. La Pantoja y poco más.

¿Y empresario?
Empresario sí. Porque en el fondo soy un tío de hágaselo usted mismo todo. Aunque acaban contactando por varios motivos. O bien porque están cortos de imagen o porque quieren vender su imagen de una manera muy concreta. Es posible que vean en mí a esa persona que le va a dar un poco de color o de forma a sus proyectos.

¿Crees que, inevitablemente, el artista y el empresario están condenados a entenderse?
Se tienen que entender y se tienen que llevar bien. Además, yo creo que este mundillo funciona de esa forma. Tú tienes un proyecto, tú contratas a una empresa que te solucione las carencias del proyecto y hay que entenderse.

Foto de imeminemagazine®.
Foto de imeminemagazine®.

¿Crees que la empresa cada vez depende más de su imagen?
De hecho hay festivales que solamente venden imagen y cero producto.

Me acabas de dar un titular…
Y te voy a dar más de uno. Desgraciadamente es así. Piensa en a cuántos festivales vas que cuando abres la puerta piensas: “¿qué me habéis vendido señores?”.

Dime una empresa musical que creas que tenga una imagen competitiva y coherente.
Ahora mismo estoy trabajando con el festival V de Valarés, en Ponteceso (Galicia). Me parece que son la antítesis de esto de lo que estábamos habando. Han creado una marca con peso y se han sabido rodear de buenos ilustradores y comunicadores. Imagen de festival cool, fresco, dinámico… y te venden una cosa que no sólo es lo que te han vendido, sino que es casi mejor.

Llevas muchos años como fotógrafo de festivales. ¿Crees que se ha llegado a descuidar al profesional o al público?
No lo creo. Hubo una época a mediados de los 90 en la que el 100% de los festivales se basaba en el cartel. Había carteles modélicos. Tanto dinero ganaban que se llegó a descuidar a quienes lo sustentaban, que no son los ayuntamientos ni las marcas, porque las marcas son efímeras. Hoy una marca potente te puede sustentar un festival, pero mañana te tienes que conformar con otras marcas que no llegan a esos niveles potenciales. Y descuidaron un poco al público. Y quisieron hacer un transatlántico y se cayeron muchísimos. Y se empezó a apostar de nuevo por marcas. Y empezó la guerra de festivales. Llegó la crisis y las marcas no tenían dinero para apoyar festivales. Y se volvió a apostar por el público. ¿Cómo? Fidelizando. Se está cuidando muchísimo al público. Un claro ejemplo es el Low. Tratan casi mejor a la persona que paga la entrada que a la banda. Hay festivales que tienen un backstage fenomenal pero al público lo meten en un terreno lleno de piedras. La gente se queja pero les da igual. Pues tarde o temprano caerá. El Low, en concreto, mima muchísimo a su público. Además de que tiene muchas marcas y cada marca cuida mucho a sus clientes.

Pues recomiéndame un festival.
El Monkey Week. Es otra historia. Están los festivales y luego está el Monkey.

Viene un periódico de tirada nacional y te dice: “Queremos utlizar una fotografía tuya. Gratis. No te pagamos porque, total, la gente va a poder conocer tu obra”. ¿Qué les respondes?
No way. Directamente. Yo no sé si pasaré por un fotógrafo bueno de directo o no. Pero lo que intento con mi trabajo es dignificar la profesión. ¿Quiere una foto mía? Pase por caja.

Javier Rosa en el FIB 2015. Foto de José Navarro®.
Javier Rosa en el FIB 2015. Foto de José Navarro®.

¿Alguna foto a la que le tengas especial cariño? ¿Una niña bonita de Javier Rosa?
De esas tengo unas pocas. Guardadas muchísimas. Porque si las enseñaba temblaba alguna madre y algún padre. Yo recuerdo el momento Enrique Morente con Leonard Cohen en el camerino del FIB. Representaba muy bien el espíritu de lo que fue el Festival de Benicassim. Ahora creo que lo están intentando recuperar y creo que lo van a conseguir si siguen por este camino. Ese espacio donde puedes encontrarte de pronto a 45 gitanos del Sacromonte… Leonard Cohen con la copa de vino esperando a Morente y éste diciéndole:”¡Bueno maestro, pues habrá que echarse algo!”. Ese momento en el backstage representa muy bien el espíritu del festival.

Te hierve la sangre cuando te dicen: “Esa foto la podía haber hecho yo con el Iphone”.
No me lo suelen decir. Te lo dicen cuando ven una. Si ven la galería entera ya se callan. Te puede salir una foto de chorra. Mira, Damon Albarn, de Blur, se tiró al público el otro día en el FIB. Me puse en posición destroyer. Haciendo hueco como podía. Tiré una ráfaga de unas 600 fotos y, a medida que las hacía, veía tal cantidad de móviles que pensé: “Hijos de puta, con el Iphone 6 vais a conseguir la misma foto que yo. Y desde mejores ángulos. Como os salga mal es para mataros”.

¿Y dónde queda el Photoshop?
El Photoshop ayuda. El acto fotográfico es el 60% y el 40% el alma que tu le impregnas. A veces el encuadre no está en su sitio, el foco tampoco… Mucho más complicado desde un foso. Siempre hay un reencuadre o una subida de tono. De todas formas el Photoshop ha influido mucho pero yo recuerdo las noches que me he tirado revelando en blanco y negro en casa. Habia un mundo entre lo que había en el negativo y lo que tú luego sacabas en papel. La fotografía siempre se ha tocado.

¿Cuál fue tu primera cámara de foto?
Una Zenit rusa. Estaba esperando un modelo que había sacado Nikon. Pero me compré una Zenit. Una noche estábamos de marcha con 19 o 20 años en La Vía Lactea y conocimos a unas chicas y la cosa acabó tan disparatada que cogimos un autobús a las seis de la mañana y tiramos a Barcelona con ellas. Me tiré cinco o seis días allí. Tenía 1.500 pesetas y al cuarto día cogí la Zenit y la vendí por 25.000 pesetas y me quedé sin cámara.

¿Y la primera digital?
Una Nikon D100. Además en un momento que pasar a digital estaba muy mal visto. Yo cuando vi aquello vi muchísima productividad. Imagínate poder meter 20 carretes en una tarjeta. La calidad era una mierda pero era darle tiempo al tiempo.

Dales un consejo para quienes estén pensando en dedicarse a la foto.
Creo que hay dos tipos de personas, los que tienen un sueño y los que lo persiguen, se forman diariamente, y luchan hasta conseguirlo. A estos últimos decirles que es una de las mejores profesiones del mundo. A los primeros que cambien de sueño, porque le están haciendo un mal favor a esta profesión.

*¿Quieres conocer el trabajo de Javier Rosa? Haz un recorrido por su web pinchando aquí.