Leandro Mosco: “La comodidad, en el arte, es un problema”

leandro 5

Aunque en el ámbito plástico se le conoce como Durnzno, quedamos en el madrileño barrio de Lavapiés con Leandro Mosco (1983), un curador y artista multidiscipliar ítalo-argentino que actualmente reside en España.

Ha estudiado las licenciaturas de Artes Plásticas, Orientación Escenografía y Diseño Multimedia en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Desde 2006 trabaja como docente universitario en La Plata y ha realizado diversas exposiciones en Latinoamérica y España. Además, es responsable de los proyectos El Club del Cuaderno Argentina (2014) y Los Amigos Invisibles (2012) desarrollados en Buenos Aires. Después de mucho trabajo y empeño, ambos proyectos han llegado a España, creando El Club del Cuaderno España (2015) y Los Amigos Invisibles (2015) en el museo Carmen Thyssen de Málaga gracias a la beca Residencia de artista MCTM destinada a jóvenes artistas educadores y que decidió acoger el proyecto de Leandro.

¿Pero en qué consiste exactamento esto de Los Amigos Invisibles? Es fácil. Leandro elige a diez artistas y, a su vez, ellos a otros diez. Entre los veinte artistas, de diferentes disciplinas, se hace un sorteo de modo que a cada uno le toca un compañero que le servirá para hacer una obra, o bien inspirada en la suya, o bien un tributo, o lo que el artista quiera hacer que, de alguna manera, le inspire su compañero. Todo con el objetivo de crear un reto a los participantes. Hasta el día de la inuguración, nadie debe saber el compañero al que le ha tocado. Tras el éxito obtenido en La Plata y su reciente paso por Málaga, esu objetivo es Madrid.

Los diez artistas malagueños elegidos por Leandro fueron Sofía de Juan, Virginia Rota, Santiago Torres, Violeta Niebla, Laura Franco Carrión, Carmen González Castro, Álvaro Albaladejo, Cristina Ramírez Bueno, Lucas Alcántara y Alba Blanco que, a su vez, eligieron a un amigo suyo para colaborar en el proyecto. De esta manera se unieron Eva Rodríguez, Roberto Urbano, Antonio Navarro Sánchez, Javier Viana, Silvia Grav, Marta Beltrán, Florencia Rojas, Miguel Galadí Cuadrado, Nerea Perea López y Francisco Javier Valverde.

Para Mosco, lo importante es el mensaje que se quiera transmitir y así escoger, en función a ello, la expresión artística que más se adecue. Es por esto que, en Los Amigos Invisiblesanima a sus invitados a salirse de su zona de confort, explorar nuevos lenguajes y pensar en el artista que les ha tocado. Conversamos con Leandro sobre esta iniciativa tan peculiar.

Háblanos de tus inicios en España. ¿Qué te trae hasta aquí? ¿Has encontrado lo que buscabas?
Bueno, pecando un poco de sincericidio, vine a España por dos motivos. Uno por amor y dos para dedicarme de lleno al arte, con el afán de que sea mi sustento y mi medio de vida. En uno no me fue tan bien. En el otro parece que con trabajo y esfuerzo puede que lo encuentre.

¿Y crees que los españoles han sabido entender tu obra?
Hasta el momento, creo que ni yo entiendo muy bien mi obra, si es que podemos hablar de ella de alguna forma. Tengo tantos proyectos, manejo tantos estilos y lenguajes que difícilmente se puede ver una unidad. Más allá de eso, siento que he tenido buena aceptación en las cosas que pude proponer, aunque todavía queda mucho material por mostrar y por producir.

En El Club del Cuaderno y Los Amigos Invisibles has dejado de lado tu rol de creador para acercarte al trabajo de comisariado. ¿Cuáles son tus motivaciones?
Tengo que admitir que estos cambios de roles se han dado un poco sin querer. Todo empieza porque me encanta desarrollar ideas, esas ideas pasan a ser borradores, luego proyectos, y luego me encuentro llevándolos a cabo, aunque en el caso de El Club del Cuaderno disfruto de los encuentros como uno más. Tal vez por la costumbre de trabajar en equipo, o el exceso de entusiasmo, termino ocupando lugares decisivos dentro de esos proyectos. Más allá de lo particular de cada uno, creo que mi objetivo, y tal vez el de muchos, tanto en mi rol de productor como de gestor, es el de acortar la brecha entre arte y vida cotidiana.

¿Crees que el arte tiene que evolucionar para interesar a la gente de a pie? Ese barniz elitista del que siempre se ha hablado…
Bueno, yo trabajo mucho con eso, así que claro que lo creo. Tanto en mis producciones como en mis proyectos, creo decisiva la mirada o la participación de la gente de a pie, como me decís. El Club de Cuaderno es la expresión más evidente de esta búsqueda, ya que intentamos constantemente que participe gente que no está relacionada al mundo del arte. Eso sí, no me atrevería a hablar de una evolución del arte, ya que a veces hasta nos cuesta definir qué es arte, o si lo que estamos haciendo es un hecho artístico o un hecho social donde se comprometen prácticas artísticas. Y por otro lado, a veces ese arte de élite es necesario, si entendemos que el mundo del arte es un sistema muy complejo que vincula artistas, espacios, coleccionistas, galeristas, público y fundaciones. Este es un punto que genera mucho conflicto y, al respecto, lo único que puedo decir es que logré que 20 artistas emergentes del sur de España expongan en el Museo Carmen Thyssen de Málaga, hablando de élite…

La idea del Club del Cuaderno es, en parte, pedagógica, y es que se apoya en una relación horizontal en la que la gente de distintas disciplinas se relaciona y en ese compartir se cree algo constructivo y emancipador.
La idea del Club del Cuaderno es, en parte, pedagógica, y es que se apoya en una relación horizontal en la que la gente de distintas disciplinas se relaciona y en ese compartir se cree algo constructivo y emancipador.

leandro 2

En una realidad utópica, ¿cómo sería un museo ideal?
Desde hace unos años para aquí, los museos comenzaron a entenderse como espacios de conocimiento, adoptando estrategias más pedagógicas para la mediación entre el contenido y los espectadores, sin embargo el pueblo sigue pidiendo tocar, hablar fuerte, escuchar música, bailar, comer y hacer todo tipo de “locuras” en las salas de un museo. Bueno, en una realidad utópica, cada museo tendría sus propias normas y éstas estarían muy acordes a la forma en que la gente debe acercarse a dichos contenidos. Sería como derribar las normas preestablecidas de no tocar, no hablar fuerte, etc. Si estas negativas surgen en este proceso de re-elaboración de las estrategias de mediación, bueno, pero creo que lo ideal sería que no estén dadas a priori.

¿Crees que hay un apoyo notable por parte de las empresas o las instituciones a los artistas?
Creo que esta es una de las razones por las que estoy en España. Aquí veo que las políticas en materia cultural, las ayudas, las becas y residencias proliferan notablemente respecto a Argentina, además de que cubren más aspectos, mientras que en America Latina, por lo que vi, tienen un carácter más parcial respecto de lo que ofrecen a los productores. De todos modos, siempre se puede hacer más. Es decir, hay una gran parte de la juventud que se ha volcado al mundo del arte, y el Estado no se ha hecho cargo lo suficiente como para amortiguar ese índice. Está claro que las políticas culturales deberían llegar aún más lejos

Echando un vistazo a tu formación, llama la atención tu manejo de programas de diseño digital. ¿Crees que quienes no están al día con estas estas herramientas juegan con cierta desventaja?
Si hablamos de lógica del mercado, siempre estamos en desventaja, ya que las exigencias son cada vez más altas. Sin embargo, respondiendo concretamente la pregunta, creo que el universo digital es muy útil, pero que hay tantas estrategias y maneras de hacer las cosas, que a veces hasta juegan en contra. Lo importante es no quedarse quieto, investigar, compartir y recibir consejos, mostrar lo que uno está haciendo. Es como aquel que piensa que sin una muy buena base de dibujo no se puede ser un buen artista. Yo creo que la herramienta más fuerte que tenemos es el pensamiento y lo demás son maneras de darle forma.

Te consideras un artista polifacético y tú mismo has dicho que entiendes el arte como una disciplina abierta. ¿Pero dónde te sientes más cómodo? ¿Por qué?
Bueno, claramente me siento más cómodo dibujando, pero a la vez entiendo que la comodidad, en el arte, es un problema. Y por eso en Los Amigos Invisibles era tan importante salirse de la zona de confort. Dibujo de toda la vida, sé que tengo un dominio importante de la técnica, pero hay una infinidad de cosas que no puedo decir a través del dibujo. Por eso es importante desplazarse de esos lugares de seguridad, para no decir siempre lo mismo, y no sólo para no aburrir a los otros, sino para buscar en nosotros mismos nuevas preguntas y crecer con ellas.

Ilustraciones con rotuladores acrílicos de Leandro Mosco.
Ilustraciones con rotuladores acrílicos de Leandro Mosco.

¿Qué criterio seguiste para escoger a los diez artistas? O, en otras palabras, ¿qué tiene que tener un artista para llamar tu atención?
Bueno, el criterio de selección del proyecto Los Amigos Invisibles en particular, fue cubrir un abanico amplio respecto de las candidaturas recibidas. En la mayoría de los casos se trataba de pintores y fotógrafos. Mi misión era descomprimir un poco esa tendencia, por lo que puse el ojo en personas que estuvieran más compenetradas con el discurso que con la técnica. A nivel personal, me cuesta identificar qué es lo que me llama la atención de cada artista, sin embargo creo que el nivel conceptual es donde pongo más énfasis a la hora de consumir arte.

Ha tenido mucha repercusión en medios de comunicación tu proyecto Los Amigos Invisibles. ¿Echas de menos cierta cooperación o entendimiento entre los artistas? El individualismo en el arte se da un poco por hecho…
No puedo echarlo de menos, porque es algo que milito en cada proyecto y veo que es posible. Tanto Los Amigos Invisibles como el Club del Cuaderno nacen un poco con el fin de derribar el amiguismo y la mezquindad en el mundo del arte. Cierro contento la etapa de Málaga ya que supieron endulzarme el oído al decirme: “¿Podemos hacerlo de nuevo?”.

Una vez celebrada la inauguración, ¿qué te han dicho? ¿Les han gustado sus regalos?
Eso nunca lo sabremos realmente (ríe). Por lo que pude ver, todos parecían muy contentos. Y más allá de eso, sí fue muy interesante ver cómo salían a la luz datos de los que hasta el momento no tenía conocimiento. Los artistas han puesto mucho esmero en sus investigaciones, y a causa de ello se han dado coincidencias, sorpresas o aciertos. Más allá de la satisfacción con cada regalo, creo de suma importancia cómo todos cobraron dimensión de lo que verdaderamente significaba la experiencia.

Realmente, ¿cuánto se salieron de su zona de confort?
Esto es parte de la evaluación. Hay gente a la que le costó un poco más y a otros menos, pero en un punto todos tuvieron un punto de desplazamiento. Miguel Galadí Cuadrado, que hace dibujos, de repente hizo un cojín, además muy relacionado con el artista que le tocó. Hizo un gran trabajo de investigación. Otras personas no lo entendieron tanto por ahí, pero bueno, al ser un juego el nivel de compromiso es bastante fluctuante. Esto de que tengas que regalar tu obra al amigo invisible ha hecho que mucha gente no quisiera participar. Hubo un chico que no quería regalar su obra original y se buscó un reemplazo para esa persona. Mucha gente no participó por esto, porque lo que quiere el artista es hacer lo que hace siempre y tienen demasiado apego a la identidad, y para mí esto es fortísimo porque, a modo personal, me parece una manera complicada de entenderse. Dicen: “Es que yo hago fotos, yo soy eso”. Y, no sé, me parece que sí, tú eres del mundo de la imagen, perfecto, pero al final es una herramienta y si tienes que utilizar otra técnica lo puedes hacer. La fotografía no conforma tu ser, es una herramienta más. Hay tantas formas de trabajar la fotografía misma que me parece absurdo. Hay gente que trabaja con fotos en blanco y negro y un determinado tema y así siempre. Por esto quizás hubo mucha gente que no participó.

Uno de los aspectos que nos resulta más ingenioso de tu trabajo es el deporte que supone, para el espectador que no conoce la obra de todos los artistas, el intentar conocer a alguien desde la visión que otra persona tiene de él a través, a su vez, de su obra. Como cuando Roland Barthes habla en La cámara lúcida de que ante la cámara (imagínese aquí cualquier soporte) somos aquel que creemos ser, aquel que quisiéramos que crean que somos, aquel que el artista cree que somos y además aquel de quien se sirve para exhibir su arte. Mil maneras de llegar a una persona y mil maneras en las que esa persona es vista y se ve. ¿La gente entendió las obras que les dedicaron? ¿Alguna que te haya sorprendido?
Sí. En ese sentido me pareció increíble también que aparecieran anécdotas sobre cómo se generan los vínculos entre la gente a través de los signos, de los gustos… No sé. Por ejemplo, Sofía de Juan hizo un mazo de naipes de tarot con toda la simbología de pájaros, que era un regalo para Eva Rodríguez que trabaja las aves, y se dio la casualidad que uno de los dibujos de los naipes la tenía Eva de fondo de pantalla del ordenador. Que Sofía justo la haya usado… es a lo que me refería con dar en el clavo. Y así muchas cosas. Un poco por investigación, otro poco por azar y otro poco por lo invisible de los vínculos y la forma de relacionarse con el otro.

Obra de Sofía de Juan para Eva Rodríguez. Fotografías originales del Museo Carmen Thyssen Málaga.
Obra de Sofía de Juan para Eva Rodríguez. Fotografías originales del Museo Carmen Thyssen Málaga.

Como magia. Por ejemplo, la obra de Eva Rodríguez a Virginia Rota encantó. También dio en el clavo.
Además es que cuando te explica el fundamento es sublime. Hizo un camafeo, que antiguamente se usaban para retratar a los héroes y a la gente que se quería recordar. Ella cambió a la persona retratada por la ecuación por la cual se denominó a la psicología como una ciencia. Es como hablar de un aspecto de las relaciones humanas que está muy relacionado con el concepto que usa Virginia, Saudade, sobre la ausencia… Además el hueso está súper pulido por un lado y por el otro está con todos los poros. Es un diálogo constante entre forma, materia, contenido, nivel poético… Para mí es impecable esa obra.

Obra de Eva Rodríguez para Virginia Rota. Fotografías originales del Museo Carmen Thyssen Málaga.
Obra de Eva Rodríguez para Virginia Rota. Fotografías originales del Museo Carmen Thyssen Málaga.

Destacamos también la obra de Roberto Urbano que, aunque hace referencia a cosas personales de Florencia Rojas, el concepto es totalmente comprensible para cualquier espectador. Y Leandro recuerda lo que hablaba Laura Franco al finalizar el evento, y es que su escritura es muy encriptada y la gente a veces no llega a entender el mensaje y la finalidad de Los Amigos Invisibles precisamente trabaja con eso, un ejercicio en el que se intenta generar un discurso asequible que abra un acceso para el resto de personas. Un diálogo en coherencia, un acercamiento a la gente de a pie.

Ahora que tu residencia en Málaga ha acabado, ¿qué planes tienes para Madrid?
Sigo a la búsqueda de trabajo y si es en el campo del arte, mejor. Como hace poco que estoy por aquí, también planeo hacer buenos amigos, ya que el camino del arte es mejor si se transita con otros. Cito mi famosa frase, sobre todo para entendidos: los colegas venceremos. Entiendo que Madrid es una puerta importante hacia el resto de Europa. Me entusiasma la idea de viajar, exponer y realizar proyectos afuera. En pocas palabras, lograr que empiece a girar la rueda y que ya no se detenga.

Háblanos de un artista español que te conmueva especialmente o que haya marcado tu obra.
Bueno, es tonto decirlo, y más habiendo estado en Málaga hace tan poco, pero siempre tuve a la figura de Picasso bien presente. No sólo por sus obras, sino por esa inquietud permanente por revolucionarse. Siempre sentí fascinación por esta idea de tener una destreza monstruosa para la figuración y querer dibujar como un niño. Me parece que, de alguna forma, seguimos buscando lo mismo, que arte y vida cotidiana estén cada vez más cerca.

Fotografías originales del Museo Carmen Thyssen Málaga.
Fotografías originales del Museo Carmen Thyssen Málaga.

*Al despedirnos le preguntamos acerca de cómo ve el panorama actual y nos comenta que está harto de las palmeras y las piñas. Que hay demasiada tendencia a lo sexual y el desnudo explícito. Que no le gusta el rojo porque es el color de los héroes. Entonces hablamos de Batman, que no va de rojo porque fue uno de los primeros antihéroes. Que le gusta mirar las cosas con distancia, el arte inclusive. Y que lo que más le importa, al final, es generar espacios que nos comuniquen.