María Argüelles y la necesidad de encontrar ventanas

maria portada sin cara

Sentía inclinación hacia la pintura desde pequeña, pero fue hace cuatro años, de Erasmus en Trieste, cuando comenzó  a sumergirse de lleno en los trazos y los lienzos. Desde entonces, María Argüelles (Madrid, 1988) ha estado explorando e interpretando sin parar. Desde entonces, a María le emocionan los lunes.

¿Quién es María Argüelles?
María Argüelles es la pintura y un millón de cosas más. El millón de cosas o algunas de ellas no sé si quieres que te las cuente. Algunas de ellas no las sé, pero sí sé que están. Pasa que cuando no se conoce la palabra que describe no se puede nombrar, pero anda por ahí una sensación del tipo ‘hay algo por ahí que creo que…’

¿Y por qué la pintura?
Porque, al final, todos tenemos que dirigirnos hacia alguna parte. He tenido la suerte de haber coincidido con la pintura en el momento y lugar adecuados, y cuando eso ocurre, a no ser que de repente se interponga una tercera persona entre vosotras dos, todo va sobre ruedas. Y es que si algo te aporta tanto placer y tanto disgusto a la vez, tienes que seguir con ello. No puedes obviar tanta emoción, ¿sabes? Es más que lo que podría suponer un chute brutal de cualquier droga, creo.

Me gustaría hablar de tu método de trabajo. En concreto, de dos cosas: cuando haces un cuadro, ¿tienes pensado de antemano cuál quieres que sea el resultado? Si es que no, ¿cómo sabes cuándo parar?
¡Esa pregunta es súper difícil! A la historia de si voy a saber cómo va a acabar… No, definitivamente no lo sé; pero lo aprendí hace poco. Te voy a hablar de mi ahora mejor, que si no… Ha sido este año, justo, que he empezado a entender que la pintura no se construye a partir de un final o de una idea final sino que se va construyendo en base a pequeñas diferencias, pequeñas impresiones. He aprendido que se parte de una mancha o de varias manchas de las que van saliendo esos objetos. Algunas veces -es que esto me pasó en un retrato que hice de Sara Torres– pasa que haces una mancha y echas aguarrás para esparcirla por la madera. Y esa mancha, que era totalmente intuitiva, se convierte en el comienzo del retrato y es todo inconsciente. Mi forma de mover el pincel y esparcir el pastel… Fue totalmente intuitivo. Así que no, no se cómo va a quedar. De hecho mi historia actual con la pintura va por el lado del proceso. El otro día estuve charlando con Dora Piñón, una pintora que admiro muchísimo, y decía en una entrevista que ella poco a poco intentaba liberarse de la forma. Me pareció súper esclarecedor, como algo que tú intuyes y que estás viendo pero no te das cuenta hasta que alguien ha puesto la palabra. Ahora llevo a mi día esa idea.

Retrato de Sara Torres
Retrato de Sara Torres, joven poeta gijonense.

¡Pero no me has contestado a cuándo sabes que la obra está acabada! 
(Risas) Es verdad. Sabes cuándo algo funciona por composición, color, encuadre…

Sí, pero siempre puedes añadir más o menos.
Ya. Un día lo hablaba con mi profesor Victor Chacón y él siempre argumenta que es la pintura la que te dice cómo tienes que seguir. Estábamos en dibujo al natural y teníamos que interpretar a la modelo. Tienes una imagen, pero cuando se va la modelo tienes que seguir con tu historia y lo que queda es el recuerdo, el cómo has estructurado el cuadro… y al final es eso, tienes que escuchar al cuadro y él te dice cómo seguir. Es algo muy subjetivo. Obviamente yo te hablo de cuándo termina para mí. Es como que si añades algo más la cagas. A veces incluso he añadido cosas y las he borrado rápidamente porque no funcionan en absoluto. Con el tema del color tengo conflicto porque ha habido veces que no sabía muy bien por qué lo que tenía aquí no funcionaba y le he metido un color y oye… De hecho creo que Matisse era… sí, Matisse, usaba cartulinas poniéndolas en el cuadro para ver qué color podía funcionar. Yo no hago eso, pero hago una mancha y veo qué tal funciona.

¿Y cómo la borras?
Con la espátula, cuando trabajo con óleo. Dora me dijo un día: “María, siempre nos quedará la espátula”. Si no pues con goma o poniendo encima otro color.

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Dibujos al carbón parte del poemario Sólo la belleza mueve las nubes en el cielo, versos libres que reivindican la desmemoria de la mano de María Marco. El libro sale este próximo septiembre.

Hay algunos cuadros, por ejemplo, que no tienen ojos… No sé si es que viste que ya funcionaban antes de añadírselos o si estabas pensado que fuese así.
Eso llega. No sé si voy a hacer ojos o no.

¡Pues casi nunca hay ojos!
(Risas) Bueno, sí que los hay. ¡Yo los veo! No sé cómo explicarlo. ¿Para qué contar tanto si ya se intuye? No me lo pregunto, pero me lo pregunto ahora cuando soy consciente de que no hay ojos. En el momento no me pregunto nada; siento que está bien así.

Y para hacer tus cuadros, ¿sueles partir de una foto o del imaginario?
Últimamente -como te digo que voy a hablar del presente- me digo a mí misma:“María, no sabes copiar una imagen, no sabes interpretar una imagen… ¿Cómo que no sé? ¿Qué mierda es esta?”. Y es que, últimamente, no paro de irme lejos y rescatar esas imágenes de manera mental, sin tener la imagen física.

Rescatarla de tu memoria.
Sí. Mira, un proyecto que tengo en mente es hablar precisamente de la memoria y pensaba hacer una serie con ello. Por ejemplo, todos tenemos lugares importantes en los que hemos vivido cosas fuertes. Entonces pensaba coger este sitio y hacer cuatro o cinco interpretaciones de él, que fueran del más mínimo detalle -algo parecido a un hiperrealismo- a la abstracción pura, y contar así cómo el recuerdo, al final, se va distorsionando. Antes no sabía partir de recuerdos. De hecho, cuando intentaba recordar algo, no podía pasarlo a la mano. Pero ahora me está gustando mucho y me parece súper libre en cuanto que no tienes esa necesidad de que se parezca.

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Cuaderno con los dibujos que María hace en el metro. Los hace con rotuladores de acrílico o con los Carioca pintando sobre sobrantes de tela. Nos enseña los últimos que ha hecho y señalamos uno que nos sorprende. María comenta que quizás es porque esa persona no se estaba quieta o se fue enseguida. Foto de imeminemagazine®.

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Son muy distintos al resto de tu obra. Hay mucho color.
Sí… y mira que antes hablaba de mi conflicto con el color. Esto es demasiado color. No sé. Sigo probando. Ahora he parado con los rotuladores y sigo con el óleo.

¿Y hay algo que quieras contar con tus pinturas? Piensas en algún concepto…
Depende de qué cosas. Hay cosas que son puramente estética y no suelo querer contar nada.

Bueno, al escoger una manera de hacerlo ya das unas connotaciones.
Sí, pero no pretendo yo contar algo, aunque es verdad que me fijo mucho en fotografías como las de Coco Capitán. Son fotos que me inspiran muchísima intimidad y soledad y eso me encanta en cualquier disciplina, ya sea en cine, música, literatura… Ahora mismo cuando pinto cosas mucho más personales, que no tienen que ver con fotografías, sí que trato de contar cosas que estén en mi día a día.

En lo nuevo entonces sí que hay una mayor intención narrativa mientras que en lo antiguo era una exploración de la propia pintura. 
Exacto. Sucede que hay momentos en que te apetece una cosa y no das explicación y simplemente exploras. Sé que siempre que pinto algo me apetece pintarlo y es con el paso del tiempo cuando descubro el por qué. El otro día, por ejemplo, estuve planteándome el hacer un proyecto sobre los pensamientos que se tienen durante el acto de pintar. Muchas veces hablo sola cuando pinto, me cuento cosas a mí misma, le cuento cosas al cuadro… De esta manera he descubierto muchas cosas, a lo libre asociación de palabras, pero que, en vez de en el diván, estás frente a un cuadro. Había pensado en grabar esos pensamientos y ya, visto a una escala un poco más amplia y pensando en una exposición, pondría la obra y, al lado, unos auriculares para escucharlos.

¿Y trabajas en varias cosas a la vez o lo haces de manera individual?
Trabajo en varias cosas, en parte por el óleo, que tarda en secar, y también porque cada día es un día distinto y se le suma que soy un poco veleta y entonces mi estado emocional es uno y quiero ir pon un lado concreto. Hoy lo hablaba con mi madre mientras estábamos en la piscina. Le he dicho que estaba en crisis pictórica, que no sé cómo quiero contar las cosas, con qué técnica… Porque de verdad que estoy luchando mucho contra la figuración; no me apetece que la cosa se parezca a la cosa, entro en una especie de ansiedad o de pequeñas ansiedades que me dan cuando estoy pintando y acabo frustrada. Ahora he empezado a trabajar con una chica que ha escrito un poemario y yo tenía que hacer las ilustraciones. Empecé con unas mujeres con curvas al carboncillo y dibujo al natural y aquí sí que cada día estaba metida en una de esas mujeres. Además es que quería que tuviese una misma línea porque, me pasa muchas veces, que cuando empiezo una historia y me voy a otra y vuelvo a esa historia, la primera cambia. Entonces cuando existe el proyecto sí que es verdad que no voy a otros sitios y me quedo ahí. Y luego ya sí que me voy para no volver. Es muy raro que vuelva, porque de verdad que siempre que vuelvo es otra cosa. A veces pienso que tengo algo patológico, algo así como personalidad múltiple… ¿Conoces a Desi Civera? Su pintura es su pintura, es ésa su pintura. Es su forma de hacer, su pincelada, su paleta… Yo no puedo hacer eso.

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María tras la entrevista. Foto de imeminemagazine®.

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*Hablamos de que ahora le ha dado por el verde, que era su color favorito cuando era pequeña, y del inconsciente, al cual reconoce tener como una especie de dios que en muchas ocasiones te ayuda sin que tú lo sepas. Le preguntamos, también, sobre sus motivaciones para entrar a estudiar bellas artes y nos contesta con una frase preciosa de un profesor suyo: “Empecé a pintar porque quería conocer a la pintura y sigo pintando porque quiero seguir conociendo a la pintura”. María habla de la necesidad de que haya ventanas y es en la Factulad de Bellas Artes donde encuentra uno de los caminos hacia esas ventanas. Y es que, como dijo Matisse, “las ventanas son pasajes entre el exterior y el interior“.

Antes de despedirnos, nos recomienda leer Lo bello y lo siniestro de Eugenio Trías.

Si queréis conocer mejor a María Argüelles, pinchad aquí .