Laura Carrascosa Vela: a propósito de Juan José Millás

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De pequeña odiaba leer. Los libros que mandaban en el colegio tampoco ayudaban: las leyendas de Bécquer en una edad en la que te importa de todo menos el amor, una novela sobre las memorias de una vaca, aventuras de unos monjes en busca del santo grial…
 Mi vocabulario, pues, no era muy extenso. En casa me decían que era una “gorrona” y yo -inocente de mí- como no sabía bien qué era eso que me sonaba a pajarillo, cuando llegaba la hora del recreo, me confundía y decía que iba a “gonorrear” los bocatas de mis compañeros. Los profes me miraban asustados. No entendía por qué.

Una vez una amiga se enfadó conmigo y me dijo que era una “hipócrita”. No tenía ni idea de qué me estaba llamando y, aunque sospecho que ella tampoco había sacado esa palabra de su propia cosecha, lo dijo muy convencida y me dejó de hablar. Me tiré todo el día deseando llegar a casa y buscar la palabra en el diccionario. Nunca, jamás en la vida, he tenido tan presente una palabra.

Cuando miras hacia atrás te das cuenta de dos cosas muy importantes: que el tiempo real no es algo lineal como nos contaron, pues el pasado, de estar congelado, está fuera del tiempo, y que las palabras construyen la historia de nuestras vidas. “El pasado es una historia que nos contamos a nosotros mismos”, diría Spike Jonze en Her.

No fue hasta que di con Cuentos a la intemperie de Juan José Millás que le cogí el gusto a leer. Y no sólo comencé a amar leer, sino que me sentí comprendida, que es algo muy bonito que creo que el arte hace con nosotros.
 Y lo he vuelto a sentir. En concreto, hace dos meses cuando fui al Teatro Luchana a ver su última obra, La lengua madre. De hecho fui a verla varias veces.

Hay una parte del texto que se repite dos veces, primero hacia la mitad y luego al final de la obra, recordándonos el carácter circular de la historia. Y no es para menos. El escritor y periodista suelta esto, sin anestesia: “Las palabras, a partir de cierta edad, se convierten en la sustancia de tu historia física y tu historia química. Entonces, comprendes que tu relación con el mundo está basada en un conjunto de malentendidos provocados por las palabras; por el modo en que las escuchaste por primera vez; por el daño que nos hicieron; por el esfuerzo que tuvimos que llevar a cabo para digerirlas. ¿Se dan ustedes cuenta de que las palabras, que son la herramienta para comprender el mundo, son también las que nos extrañan de él? Porque las palabras son embajadoras de la realidad: no hay otro modo de relacionarse con la realidad que a través de las palabras. Pero estas embajadoras son con frecuencia estrambóticas, contradictorias, difíciles… Tienen un significado dentro de ti y otro fuera de ti. Y es que las palabras llevan una doble vida, como la mayoría de las personas complicadas”.

Juan José Millás nos habla del orden alfabético -que ningún ser se ha atrevido a tocar, ni el mismísimo Francisco Franco ha osado mandar que la “f” fuese la primera letra del alfabeto y no la “a”- y de la lengua, que por haberla construido entre todos nos parece indestructible, pero revela, de la boca de Juan Diego, que “cada año desaparecen más palabras que insectos” y que “el agujero negro que todo lo traga” -los acreedores y el mercado- amenaza con dejar a las palabras vacías de significado y desprovistas de sentido. Aunque yo creo que pecamos, como siempre, de creer que los occidentales somos los únicos en el mundo y sería interesante ver cómo viven los asiáticos esto, que no tienen palabras tal y como las entendemos nosotros y no sienten este apego al lenguaje.

“Yo sólo quería decirles que lo que les ocurre a las palabras le ocurre tarde o temprano a la vida. De modo que ámenlas. Amen a las palabras. Pero no se fíen de ellas.” pronuncia el actor al finalizar. Yo, espectadora, me despido maravillada. Cuiden a las palabras. Cuiden a nuestros grandes escritores. Cuiden nuestros teatros. Cuiden nuestra cultura. Pero no se fíen de ella.


¿QUIÉN ES LAURA CARRASCOSA VELA?


Estudiante de Fotografía Artística en la Escuela de Arte 10, Máster de desarrollo de proyectos en BlankPaper y Filosofía en la UCM, Laura Carrascosa Vela (Madrid, 1993) cogió la cámara en la adolescencia sin entender todavía que ese gesto respondía a su necesidad de encontrar un espacio en la realidad. En 2014 autopublica un fanzine, Vorhandenheit, gracias al cual comienza a recibir premios y dar charlas y talleres. Ha participado en varios proyectos como SubculturcidePonytale o Snoot Colectivo Fotográfico y actualmente trabaja sobre la comunidad china de Madrid. En el verano de 2015 crea junto a Carlos Siles la plataforma I, Me, Mine! y monta el colectivo fotográfico Comando Apache.